Notas de Jueves Santo 2020 | Diego Martínez, SJ

Introducción

Hemos sido creados para desarrollarnos, crecer, avanzar… Personas con dificultades para crecer: quienes se quedan en la comodidad, en la quietud, en la búsqueda del placer y del no-esfuerzo, como atorados en la misma problemática de siempre…

No existe una etapa óptima en la vida…somos una luz que se va intensificando con el paso del tiempo, vamos creciendo siempre…es algo así como ir subiendo una escalera…

Se trata del crecimiento de la interioridad…

Para crecer y desarrollar nuestra fuerza interior es la capacidad de mirarnos a nosotros mismos-introspección…

Acrecentar la fuerza interior, y vivir la aventura de la vida, la aventura de seguir creciendo

EJERCICIOS ESPIRITUALES…

ABRIL 2020

¿Buscamos un empleo, o un llamado?

¿Nos conocemos realmente a nosotros mismos? ¿Cuánto de nuestro pasado afecta nuestro presente? ¿Veamos el mundo a través de nuestros ojos, o a través de los ojos de los niños que alguna vez fuimos? ¿Cuáles son las heridas ocultas y las creencias equivocadas que adoptamos cuando niños u que continúan dirigiendo nuestra vida en secreto?

Tarde o temprano debemos aprender a distinguir entre lo que no somos y lo que somos. Hay             que aprender que no somos todavía lo que nos gustaría ser. Debemos aprender a quitar nuestro yo exterior falso, porque es como un vestido barato y ostentoso…

Es necesario que encontremos nuestro verdadero yo en su debilidad y fragilidad y pobreza elemental, pero también en su gran y sencilla dignidad, creado para ser un hijo (hija) de Dios y con la capacidad de amar con un poco de la sinceridad y la generosidad de Dios.

Empezar a despertar… para reconocer e identificar las máscaras que utilizamos para protegernos…

Ejercicios espirituales para:

-Que reconozcas en tu vida la presencia, el poder y la luz de tu alma…

-Que comprendas que nunca estás sol@, que el resplandor y la comunión de tu     alma te conectan de una manera íntima con el ritmo del universo…

-Que aprendas a respetar tu individualidad y tu particularidad…

-Que aprendas que la forma de tu alma es única, que te espera un destino especial aquí, que detrás de la fachada de tu vida sucede algo eterno y hermoso…

-Que aprendas a contemplarte con el mismo gusto, orgullo y esperanza con que Dios te ve en cada momento…

-Sentir la cercanía de la gracia y el cariño de Dios, y alcanzar a ver la persona que puedo llegar a ser…la persona que estoy llamad@ a ser…restaurar nuestro yo auténtico y verdadero…

JUEVES SANTO

La vida no se ha detenido, sólo un breve paréntesis para permitirnos a nosotros y nosotras sumar los mejores materiales para el ancho nido planetario, construir nueva y más solidaria Tierra, encarnar olvidada esperanza y poderosa primavera.

Beethoven: Es el arte y sólo él, el que me ha salvado(…) me parece imposible dejar el mundo antes de haber dado todo lo que siento germinar en mí, y así prolongo esta vida miserable, verdaderamente miserable”.

éste es el momento en que podemos dar lo mejor de nosotros mismos, Éste es el momento de la entrega grande y sincera que siempre habíamos aguardado y que ahora de repente, con estos pelos cargados de canas, con este apego de mullida butaca, se nos brinda…

Ahora que se marcha ese amago de invierno, el mayor problema sería que el corazón unido se enfriara, que ya no hiciéremos sabroso bizcocho para toda la escalera que dejáramos de cantar poderosas “arias” en los balcones de unas ciudades sin “Covid 19”. El único error sería que el vecino volviera  a ser extraño, que todo de nuevo como en el pasado, antes que ese coronavirus omnipresente irrumpiera en nuestras vidas y vocabulario.

Ojalá toda esta crisis represente un parteaguas. Se impone el “antes y después”, la fractura con todo lo caduco o lo que es lo mismo lo antiguo, lo separado, lo insolidario. El gran fallo sería que el desafío del virus no revirtiera en positivo. El mayúsculo error sería no aprovechar esta preciosa crisis para dar un gran salto en nuestra conciencia colectiva. El final fatal sería que a la postre nada hubiera cambiado; que una vez el virus controlado las distancias no cayeran; que después de haber vivido la lúgubre separación, los más sólidos tabiques no se desplomaran; que las fronteras de todo orden no desaparecieran. El virus ha hecho que aflorara la inconsciencia de haber permanecido tanto tiempo separados, ha evidenciado cuánto nos necesitamos los unos a los otros.

El precio pagado no sea en balde. “Volveremos a juntarnos…”. “Romperemos ese metro de distancia entre tú y yo…” “Ya no habrá una distancia…”, no sean sólo frases bonitas que saltan raudas de móvil en móvil. Podamos hacer todo ello realidad. Que no sean sólo canciones que casi automáticamente nos aprestamos a compartir con nuestros contactos y grupos de WhatsApp . Podamos encarnar lo que a toda velocidad tecleamos.

Nada nos ha unido como este bichito que en realidad no era “chino”. Le hemos mirado a los ojos y no los tiene rasgados, como proclama Trump. Se ha hecho presente por doquier, porque no había otra forma de relegar esa otra pandemia mucho más peligrosa y letal de la separatividad.

2.- Los humanos somos capaces de reinventarnos aún sintiendo la vida sin asideros sólidos donde agarrarse ante el miedo y la angustia que produce el sufrimiento añadido de lo que no podemos controlar o es desconocido.

El significado del término griego crisis, no es otro que “decisión” en el sentido de oportunidad que nos emplaza a valorar posibles nuevos cambios de rumbo. Así ha ocurrido siempre; hasta de la desesperación han salido acicates para que renazca la esperanza, y con ella, nuevos sistemas de ideas y actualizaciones. Es una suerte que la vida permite renacer con esperanza después de toca fondo, y vivir el presente con madurez para construir el futuro…

Ver los muchos signos y evidencias que destilan esperanza por los cuatro costados: miles de voluntarios afanados en aportar esperanza a los infectados por el coronavirus. Millones de pruebas de amistad, de compañerismo, de solidaridad…tanta gente que nos rodea tratando de hacer el día a día del confinamiento humanizado y alegre. El personal sanitario… solo nos acordamos de ellos cuando el dolor, como ahora, aprieta. La esperanza también viaja con ellos.

Los que quieren destruir son más ruidosos, pero son menos. Para un cristiano, vivir la esperanza es mucho más que un estado de optimismo: es interpretar el futuro posible y deseable con los ojos de una vivencia anticipada que da sentido al momento presente mientras ponemos las bases para crear lo que todavía es una meta.

La esperanza es la cualidad teologal que nunca defrauda. La esperanza verdadera construye, no espera; se vive más que se anhela. Es una disposición interior; es la que hace posible su gran objetivo: dar un sentido al presente construyendo sobre la realidad actual. No estéis tristes, exhorta el Evangelio, porque el plan de Dios insufla toneladas de esperanza para despertar el corazón hasta convertirlo en signos y hechos de esperanza para otros.

En este contexto, me parece muy oportuna la reflexión del cardenal Omella, ahora al frente de la Conferencia Episcopal de España, recordando que las tecnologías de comunicación en este tiempo de reclusión no deben absorber y robar todo el tiempo. Nos pide que dediquemos espacios para repasar nuestra vida, para pensar con esperanza hacía dónde y cómo queremos orientar el resto de nuestras vidas en este mundo, a la espera del encuentro definitivo con Dios. Ahora tenemos más tiempo para todo, incluso para nuestra oración y para acordarnos del sufrimiento en torno a este dichoso virus, con graves y angustiosas consecuencias económicas para muchas personas.

3.- A pesar de la limitación, el mal y la muerte, algo hay en nuestro interior que nos impulsa a “esperar contra toda esperanza” (Rom 4,18) frente a las ganas de abandonarnos y dejar de luchar. Es un consuelo saber que cualquier cambio gigantesco, empieza siempre por algo inapreciable al ojo humano. Lo importante de verdad es recordar que Dios acude a nuestra llamada, cumple sus promesas y nos renueva la fe. Siempre. ¡Él es nuestra esperanza!

Un silencio para poder escucharnos a nosotros mismos, para tomar conciencia del otro y para llegar a escuchar a Dios. Un silencio creativo que nos pone en comunicación con la naturaleza, que ayuda a meditar lo que se dice y lo que se calla, que hace que no se pronuncie nunca una palabra de más. El propio Gandhi decía: “La fe no existe para ser predicada, sino para ser vivida”. Sobra tanto ruido que acompaña a las religiones animadas por el propósito de hacerse oír.

Recomponer las relaciones fraternas, admitiendo y promoviendo la existencia y los derechos del otro a nuestro propio nivel. ¿Qué significa cada relato? Esto es lo que importa. Por supuesto, Jesús vino a decirnos que él es el Hijo de Dios. Pero, en el fondo, ¿qué significa esto? Significa que Dios está donde se remedia el sufrimiento de los enfermos y el hambre de los indigentes.

Hay humanistas que señalan que esta crisis es una especie de “cuaresma secular” que nos concentra en los valores esenciales, como la vida, el amor y la solidaridad, y nos obliga a relativizar muchas cosas que hasta ahora creíamos indispensables e intocables. De repente, baja la contaminación atmosférica y el frenético ritmo de vida consumista que hasta ahora no queríamos cambiar.

Ha caído nuestro orgullo occidental de ser omnipotentes protagonistas del mundo moderno, señores de la ciencia y del progreso. En plena cuarentena doméstica y sin poder salir a la calle, comenzamos a valorar la realidad de la vida familiar. Nos sentimos más interdependientes, todos dependemos de todos, todos somos vulnerables, necesitamos unos de otros, estamos interconectados globalmente, para el bien y el mal.

Reflexiones sobre el problema del mal, el sentido de la vida y la realidad de la muerte… sufrimiento humano, del mal físico y moral del mundo, de la necesidad de ternura y solidaridad…

Quizás nuestra pandemia nos ayude a encontrar a Dios donde no lo esperábamos.

Cada segundo, nuestra gran industria produce toneladas de gases de efecto invernadero. El mundo tiene tos seca, fiebre y problemas respiratorios…Está intoxicado.

4.- Este sistema que adoramos con fervor (porque lo identificamos con la paz…)

El bicho malo que no había sido programado, ese coronavirus pernicioso, se infiltra subrepticiamente en las perillas de las puertas, en los pañuelos, en los palillos de dientes, en los besos, en las escuelas, en el metro, en los aviones, en los estadios e innumerables templos, grandes y pequeños, donde nos apiñamos para halagar, adorar y “estimular” nuestros mejores delirios; sin preaviso se mete en todas partes y lo arruina todo…

Hagamos una guerra despiadada contra el malvado Coronavirus ya que es necesario, pero, por favor, no olvidemos la otra pandemia que es mucho mas grave. La más antigua, más vivaz y más duradera de todas: la de un mundo extremadamente rico que desde siempre enriquece a los ricos y condena a la mayoría de la humanidad a una escasa supervivencia y a una muerte prematura cierta. Este es el verdadero flagelo que hay que combatir; es la ciencia que tenemos que desarrollar y la religión que debemos practicar.

P. Diego Martínez, SJ.

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