Notas de Sábado Santo 2020 | Diego Martínez, SJ

SÁBADO SANTO DE LA CENA PASCUAL A LA EUCARISTÍA por Abraham Skorka

7/4/2007

1.- De acuerdo con el relato bíblico, en la víspera de su salida de la tierra de Egipto, en la que fue esclavizado, el pueblo de Israel debía sacrificar un cordero y conformar con él una cena especial, de características rituales. Tal acto fue prescripto por Dios para aquella oportunidad y para volver a ser cumplido en la misma fecha, año tras año, por todas las generaciones siguientes.

La Biblia testimonia que ciertos festejos posteriores de la Pascua marcaron ritos en la historia del pueblo. En Josué 5, se describe el primer festejo en la tierra de Israel. En Reyes II, 23: 21-24 se habla acerca de la purificación del pueblo de todo vestigio de culto pagano, en los tiempos del rey Josías, para festejar la Pascua en Jerusalén en su esencia primigenia. En Esdras 6: 19-22, se narra el festejo, en Jerusalén, de aquellos que habían retornado de la diáspora babilónica a la que los había confinado Nabucodonosor. En cada una de las ocasiones referidas se produjo un punto de inflexión en la historia del pueblo. De acuerdo con Mateo 26:17, Marcos 14:12, Lucas 22:7, Juan 13:1 y distintas fuentes de los primeros tiempos del cristianismo, la última cena en la que se instauró la eucaristía, fue la tradicional cena ritual de la Pascua.

En la memoria del pueblo judío en los tiempos de Jesús, tal como se testimonia en el Talmud (Mishnah Pesajim 9:5; Meguilah 312, a), se hallaban presentes aquellas Pascuas del pasado en las que se habían producido acontecimientos significativos, por lo que debía ser una ocasión semejante cuando se generara un mensaje trascendente para la nueva religión que se conformaba, enraizada en la tradición judía. Si bien el mensaje de la Pascua judía adquirió un nuevo sentido en el cristianismo, innegablemente sigue habiendo esencias de la primera que hacen a la segunda. La Pascua judía aúna dos mensajes. El sacrificio del cordero pascual, que se debía ofrendar e ingerir el 14 de Nisan, viene a recordar el obrar divino para liberar a los descendientes de Abraham de si mísera esclavitud. Los habitantes de las casas marcadas con la sangre del cordero sacrificado no eran punidos con la última de las diez plagas con que castigó Dios a los egipcios. Dios mismo intervino para redimir a los descendientes de Abraham, cumpliendo con el pacto que realizó con el patriarca. La revelación de Dios al pueblo, que comienza en Egipto, alcanza su máxima expresión en el quincuagésimo día después de su salida de aquella tierra de aflicción, cuando en el monte Sinaí le entrega la Torá, la ley divina. La Torá, que se refiere a la dignidad de cada individuo, sólo podía ser recibida por hombres libres.

He aquí la muy íntima relación entre estos dos acontecimientos. Los sabios del Talmud solían denominar a la festividad de la entrega de la Torah Atzeret Shel.

2.- Pesaj, la conclusión festiva de la Pascua. Por otra parte, a partir del 15 del mes de Nisan comienza la festividad de los panes ácimos, en los que se halla interdicta por siete días la ingesta de todo alimento leudado de cereales. Es la celebración que rememora los esfuerzos que debe realizar el hombre por alcanzar la libertad, ya que los hijos de Israel no tuvieron tiempo de dejar fermentar su pan, pues diligentemente salieron de la tierra de su esclavitud. Aquel pan de pobreza, como se lo denomina en Deuteronomio 16:3, es el símbolo de la lucha por alcanzar la libertad, condición necesaria para expresar lo excelso que sabe yacer en cada individuo, que es la forma más genuina de honrar a Dios. Estos son los dos elementos constitutivos de la Pascua que rememoran los judíos hasta el presente. La revelación y búsqueda de Dios en lo humano y el respeto y amor por el individuo como forma de honrar al Creador, que se halla en el mensaje de Jesús, tal como se testimonia en el relato de los Evangelios y es reflejado en la eucaristía, esa la versión cristiana de muchas de las esencias explicitadas que hacen a la Pascua judía.

Ambas festividades son el testimonio de los esfuerzos espirituales de generaciones que transmitieron el mensaje durante siglos y aportaron lo suyo para que la concepción judeocristiana de la existencia, en la que ambas religiones constituyen ejes centrales, fuera uno de los pilares sobre los que se fundó la cultura de Occidente. Ambas Pascuas culminan transportando a los respectivos feligreses a una dimensión de esperanza, que se sustenta en la fe en que si muchos han de obrar según los requerimientos de la Torá, de acuerdo con los unos, o según los mandatos del Evangelio, de acuerdo con los otros (y ambos tienen mucho en común) se alcanzará la tan añorada paz universal, en la que Aquel que se reveló entonces volverá a mostrarse nuevamente. El siglo XX, profundizando un proceso que había comenzado en el XVIII, desarrolló nuevas concepciones de la existencia del hombre y las sociedades, soslayando las anteriores. En los albores de un nuevo siglo, se advierte el despertar de nuevas búsquedas, para hallar el sentido de la vida a la luz de los enormes desafíos que anteponen la ciencia y la tecnología al hombre del presente. Los fracasos espirituales que caracterizaron al siglo XX, con sus matanzas y horrores, hacen aún más dramática dicha búsqueda. Ambas Pascuas poseen múltiples elementos que, al ser sutilmente analizados, pueden brindar pistas al hombre de nuestros días. Esas pistas nos permitirán esbozar alguna respuesta y alcanzar algún hallazgo en la perenne búsqueda del sentido de la existencia.

El autor es rector del seminario rabínico latinoamericano M. T. Meyer y rabino de la comunidad Benei Tikva.

3.- Eucaristía

En la ultima cena, Jesús libremente se determina en el presente y ofrece y pronuncia las palabras:

“Este es mi cuerpo que será entregado por ustedes”…

“Esta es mi sangre que será derramada por ustedes y por muchos”…

Las palabras significan un detenerse y morir para el individuo…la sustancia del hombre viejo se convierte en la sustancia del hombre nuevo.

Un cuerpo y un alma nuevos que surgen de la gracia…las antiguas tendencias, las motivaciones. Los hábitos del corazón…mueren al ser pronunciada y asumida la decisión…la libertad se somete a una pasividad suprema… y muere el hombre viejo para que surja el hombre nuevo…

La Eucaristía, a primera vista, consiste en una ceremonia conmemorativa. Pero Jesús no había muerto en el momento de la cena, por tanto no tenía nada que conmemorar…

Una reflexión mas honda sobre el Culto y la Misa, nos ayuda a percibir en la última cena el programa, el título de la tragedia que se va a desarrollar a continuación…somos conducidos a concebir la Eucaristías como la verdadera causa de la Pasión. La Eucaristía antecede a la Pasión porque la Pasión no es sino la ejecución material necesaria que fluye de un movimiento espiritual que termina en el Esto es mi Cuerpo.

Si analizamos una elección humana podremos percibir más claramente esta relación entre Pasión y Eucaristía. Si tomamos como ejemplo-para tratar de ilustrar lo que se quiere decir-, el caso de un joven que en el transcurso del proceso de los Ejercicios se decide por el camino de la vida religiosa, la vida sacerdotal, el camino del matrimonio… Y pronuncia él, y pronuncia Dios en él, al final de las contemplaciones de la vida pública de Jesús: “Esta vida, esta vida (religiosa, sacerdotal, matrimonial) específica es mi cuerpo”.

La oposición entre la gracia que lo llama y atrae, y su voluntad involucrada en el “cuerpo de pecado” y sus tendencias desordenadas se resuelve.

En ese momento su libertad verdadera es creada – y se crea ella misma- al tomar y asumir un “cuerpo de gracia”

En cuanto a la sensibilidad, el “cuerpo de gracia” no es todavía más que una resolución, una decisión, una elección, una palabra que vislumbra, visualiza – bosqueja – la representación de un estatuto social.

4.- Precisamente como en la Eucaristía, en la Cena, no es sino el “Esto es … aplicado a lo que llamamos pan.

Pero de igual manera que en su ser profundo y verdadero la Eucaristía es el movimiento de transformación en Dios que los creyentes experimentarán -vivirán, padecerán- al estar en contacto con él, en virtud de la fe, en el fluir del tiempo camino al futuro, así, en la resolución: “seré religioso, seré sacerdote, me comprometeré en el camino del matrimonio”, surge un movimiento de transformación en Dios que el ser del joven va a sufrir -padecer-y experimentar poco a poco, a medida que la vida religiosa-sacerdotal-matrimonial vaya empapándolo y penetrándolo, y es algo que va a comenzar a “padecer” desde ese momento.

_____________________

Esta dependencia de la Pasión respecto de la Eucaristía era algo patente para los primeros padres de la Iglesia. San Efrén decía en una antífona: Este pueblo, (los judíos), pudieron matarlo: pero ¡Él mismo se quitó la vida! Se trata de un asesinado muerto por sus propias manos, aquél que fue crucificado por estos locos en el Gólgota… Si Él mismo no se hubiera quitado la vida en el Misterio de la Eucaristía, en realidad, definitivamente ellos no le hubieran podido quitar la   vida …

Y en ambos casos, este movimiento tiene el mismo punto de partida y el mismo objetivo: el éxodo de un individuo naturalmente egoísta y limitado, y la apertura y la entrada – o la llegada- a una Comunidad Universal.

“Esto mi Cuerpo entregado por ustedes y por la multitud” dice Cristo. Y el joven también es conducido a su sacrificio por amor a los otros “yo” (los pobres, los pecadores, los enfermos, los niños, los excluidos, los oprimidos, la familia… según su vocación) y a través de estos “yo”, que son los “ustedes”, por amor por la multitud en la que Dios se objetiva a sus ojos.

Finalmente, es precisamente la presencia de este movimiento de transformación en todo su ser lo que va a provocar su muerte al mundo. A la salida del retiro, nada ha cambiado externamente. Pero poco a poco, la resolución tomada, el “cuerpo de gracia”, va a roer poco a poco la envoltura que lo cubre todavía, “el cuerpo de pecado” . El joven que posiblemente había visualizado la posibilidad de una determinada carrera, de unos estudios, de unos viajes… En el momento en que estos proyectos se presenten a su conciencia para ser realizados, se toparán con la resolución que cortará nítidamente esos deseos naturales para que se puedan cumplir exclusivamente los deseos que fluyen de la gracia… y es cuestión de tiempo el que la “muerte” se manifieste a los ojos de todos por medio de la

5.- Profesión religiosa, sacerdotal, matrimonial, que también es el inicio de una vida de “cuerpo glorioso”.

El hecho de que la Eucaristía esté vinculada a la Pasión forma parte de la representación común de los cristianos, que miran todos los eventos exteriores como causas inmediatas de la Pasión (odio de los fariseos, traición de Judas etc.) y como dirigidos por la Providencia. Pero este “medio” queda todavía muy abstracto y general, en comparación con el vínculo concreto inmediato que constituye el “cuerpo de gracia”, que es el medio para el paso del “cuerpo de pecado” al “cuerpo espiritual”. Este es el único vínculo capaz de dar cuenta de la Institución de la Eucaristía como acabamiento del sacrificio pascual. La Pascua es el memorial del pasaje.

La Cena es el memorial del pasaje esencial que es la Pasión.     

La determinación expresada en el Esto Eucarístico entrega a la muerte la existencia individual -centrada en uno mismo. T como fruto de la libertad comienza por el interior: en la Agonía del alma… 

La agonía marca la inserción de La Libertad, que se establece en la raíz misma del individuo egoísta y carnal…

Después de la pasión del alma, el cuerpo debe pasar, debe ser negado. El cuerpo es el conjunto de tendencias en las que el deseo de ser, la posición inicial del yo, ha quedado determinado. Y el vínculo de este conjunto es precisamente la voluntad de duración de parte de la especie. Aquí, la negación de cada tendencia constituye el dolor. Y la negación del vínculo es la muerte.

La resurrección sigue necesariamente a la Pasión. Después de que el “hombre carnal” ha sido depositado en el sepulcro y que sus sueños han entrado en el reino de las sombras sin consistencia, se levanta un hombre interior, espiritual. El Ser por el que se sacrificó, la comunidad, los “ustedes” por quienes ha querido entregarse, constituyen ahora su verdadero “cuerpo”.

San Bernardo, en el Sermón de la Resurrección, los Padres dicen que en la Comunión, no es la Eucaristía la que se transforma en nosotros, sino nosotros nos transformamos en ella, se manifiesta así el rol activo del cuerpo de gracia   en relación al cuerpo de pecado. Así como el joven del ejemplo se convierte en víctima de su propia resolución, de igual manera Cristo en su Eucaristía.

En la Cruz, él es la primera partícula de la humanidad que es consumida por la Eucaristía Universal…                                                                                                          

6.- LA PASIÓN Y MUERTE DE JESÚS.

Escenas principales, omitiendo algunas.

El relato de Mateo podemos dividirlo en siete secciones, tomando básicamente como punto de partida los lugares donde se sitúan las diversas escenas.

  1. Preámbulos
  2. La Pascua
  3. En el monte de los Olivos
  4. En casa de Caifás
  5. Ante Pilato
  6. En el Gólgota
  7. El sepulcro
  1.  LOS PREÁMBULOS (26,1-16)

Este primer apartado lo forman cuatro breves episodios:

            Jesús anuncia su crucifixión (26,1-2);

            Complot de las autoridades para matarlo (26,3-5);

            La unción de Betania (26,6-13)

            Judas trata con las autoridades (26,14-16)

Mateo sigue básicamente a Marcos, pero con dos cambios importantes. Añade el primer episodio y enfoca de modo especial el último.

Conciencia de Jesús de que va a la pasión

En Marcos, el relato comienza con la confabulación de las autoridades para matar a Jesús. Sin embargo, Mateo introduce unas palabras del Señor que demuestran su conocimiento de lo que va a ocurrir. Este detalle es fundamental para comprender el sentido de la pasión y muerte de Jesús. No se trata de algo que a Jesús le ocurre sin darse cuenta. Es consciente de lo que va a pasar. Ya lo había anunciado a lo largo de su vida. Ahora lo afirma una vez más, cuando están cerca los acontecimientos.

Al mismo tiempo, estas palabras suponen en Jesús una decisión de aceptar su destino. En casos normales, cualquier persona que sabe que le va a ocurrir una desgracia hace lo posible por evitarla. Jesús, no. Se limita a constatarla. Curiosamente, las palabras que Mateo le pone en la boca no hablan de resurrección ni descienden a detalles. Se centran en lo esencial: la muerte de cruz.

Traición de Judas.

El cuarto episodio, Judas vende a Jesús (26,14-16), adquiere matices muy importantes en Mateo. Según Marcos, Judas acude a los sumos sacerdotes para entregarlo, pero no pide una recompensa por ello; son los sacerdotes quienes se ofrecen a darle dinero. En Mateo, Judas busca desde el comienzo una recompensa, que los sacerdotes fijan en treinta monedas.

7.- ¿Por qué ofrece Mateo estos matices? Creo que por dos motivos. El primero, muy de acuerdo con la mentalidad profética que advertimos en su evangelio, para denunciar la corrupción que provoca el afán de riqueza. Numerosos textos proféticos dejan clara la validez de la frase de Quevedo: “poderoso caballero es don Dinero”. Toda la gente se vende a su poder. Y son muchas las víctimas de la ambición. A esa larga lista se añade ahora Jesús. La parábola del sembrador decía que “el afán de dinero ahoga la palabra de Dios y queda estéril”. Ahora nos encontramos con que no solo ahoga la palabra de Dios, sino que la mata.

Pero, junto a esto, Mateo ha querido ver en este episodio un nuevo cumplimiento de algo anunciado en el Antiguo Testamento. Este detalla está muy relacionado con el episodio de la muerte de Judas.

  1. CELEBRACIÓN DE LA PASCUA (26,17-29)

La segunda sección consta de tres episodios:

            Los preparativos de la Pascua  (26,17-19)

            El anuncio de la traición de Judas (26,20-25)

            Y la institución de la Eucaristía (26,26-29)

  1. EN EL MONTE DE LOS OLIVOS (26,30-56)

Tres episodios principales constituyen esta sección:

            El anuncio de la traición de los discípulos y la negación de Pedro (vv.31-35),

            La oración del huerto (vv.36-46)

            El arresto de Jesús (vv.47-56)

En el segundo episodio (la oración del huerto), Mateo sigue a Marcos con cambios muy pequeños. En ninguno de estos dos relatos aparece el sudor de sangre ni el ángel consolándolo, que son exclusivos de Lucas. El relato no pretende sólo contar lo ocurrido, sino que es también de gran valor pedagógico para los cristianos.

En el conjunto del evangelio, donde raras veces se habla de los sentimientos de Jesús, llama la atención la insistencia del relato en este aspecto. Es el único momento en que se dice que Jesús se llena de tristeza y angustia, y que él mismo lo reconoce.

En este momento, no huye física ni psicológicamente, sino que se refugia en la oración. Marcos dice que oró en tres ocasiones, interrumpidas por el diálogo con Pedro, pero sólo en el primer caso pone palabras en boca de Jesús. Mateo nos indica el contenido de los dos primeros momentos.

En el primer rato de oración, las palabras de Jesús son: “Padre, si es posible, que se aleje de mí este trago. Sin embargo, no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú”.

En el segundo, las palabras son: “Padre mío, si no es posible que yo deje de pasarlo, hágase tu voluntad”.

8.- Hay una diferencia importante de matiz. En el primer caso, parece que Jesús todavía entrevé la posibilidad de verse libre de la muerte: “si es posible”. En el segundo, parece más consciente de que no cabe otra solución: “Si no es posible…”

Y, en ambos momentos, lo que domina todo es la aceptación de la voluntad de Dios: “no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú”, “hágase tu voluntad”. Esta actitud de Jesús empalma perfectamente con lo que enseña en la tercera petición del Padrenuestro, no en un contexto genérico, sino en unas circunstancias concretas y muy difíciles.

Indudablemente, los evangelistas han querido reflejar en esta oración de Jesús la actitud que debemos tener en los momentos difíciles de nuestra vida y ayudan a comprender las palabras del Sermón del Monte sobre la oración.

Allí se dice: “Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y os abrirán…Pues si vosotros, malos como sois, sabéis dar cosas buenas a vuestros niños, cuanto más vuestro Padre del cielo se las dará a los que se las pidas”.

Estas palabras, mal interpretadas, pueden llevar a pensar que Dios tiene que darnos todo lo bueno que le pidamos, y nosotros decidimos lo que es bueno. La oración de Jesús en el huerto nos enseña a descubrir algo bueno detrás de algo aparentemente absurdo como el sufrimiento y la muerte.

En el fondo de todo esto queda un misterio incomprensible: el de la voluntad de Dios, que no encaja fácilmente con nuestros gustos, ni siquiera con los de Jesús. Esto puede llevarnos a la idea de un Dios cruel, que se complace en el sufrimiento y la muerte de Jesús. La verdad es muy distinta. No se trata de que a Dios le complazca el sufrimiento y la muerte de Jesús, sino que Jesús debe identificarse plenamente con nuestro destino. El sufrimiento y la muerte son hechos inevitables en nuestra vida. Todos, en mayor o menor medida, sufrimos. Y todos tenemos que pasar por el trago de la muerte. En estas circunstancias, si Jesús no hubiese pasado la misma experiencia, nunca podría habernos comprendido plenamente, y nunca nos sentiríamos identificados con él. En este sentido es necesaria la muerte de Jesús, y solo en este sentido la quiere Dios.

Palabras contra la violencia

El tercer episodio (arresto de Jesús) también sigue de cerca a Marcos, excepto en los versos 52-54, que son exclusivos de Mateo. La escena es conocida. Se presenta Judas con los guardias enviados por los sacerdotes y senadores, da la contraseña, el beso (al que Jesús responde a Mateo con unas palabras ambiguas; nada en Marcos; claro reproche en Lucas: “con un beso entregas al Hijo del Hombre), lo prenden, y uno de los que están con Jesús hiere con su espada al siervo del sumo sacerdote cortándole la oreja.

Aquí es donde Mateo introduce sus versos propios, que son una instrucción a los discípulos sobare la violencia, pero de una violencia muy peculiar, la que se ejerce para defender a Jesús. En primer lugar, la denuncia como muy peligrosa humanamente: “el que a espada mata, a espada muere”. Además, en este caso, el recurso a la violencia impediría el cumplimiento de las Escrituras.

9.- Es curioso que esta instrucción solo se encuentre en el evangelio de Mateo; probablemente indica que era un problema candente en su comunidad. Frente a los ataques y críticas de los judíos, algunos podían sentirse animados a usar la violencia para defender “los derechos” de Jesús. Ni siquiera en este caso, que puede parecer tan justificado, es lícito el uso de la violencia.

IV.EN CASA DE CAIFÁS (26,57-75)

Dos episodios forman esta sección: el juicio ante el Sanedrín y las negaciones de Pedro.

El Sanedrín

Antes de entrar en el juicio diré algo a propósito del Sanedrín. En tiempos de Jesús estaba formado por tres grupos:

  • Los ancianos (que representaban la aristocracia laica).
  • Los sumos sacerdotes (antiguos sumos sacerdotes y sus familias) y
  • Los escribas (pertenecientes la mayoría de las veces al partido fariseo).

Su número de miembros era 71. Su autoridad en tiempos de Jesús estaba limitada a los once distritos de Judea propiamente dicha.

Competencias.

El Sanedrín era el foro competente para tomar decisiones judiciales y medidas administrativas de todo orden, excepto lo que fuera competencia de los tribunales inferiores o estuviera reservado al gobernador romano. El Sanedrín era ante todo el tribunal competente para decidir en última instancia sobre cuestiones relacionadas con la ley judía.

En los casos en los que los tribunales inferiores no llegaban a un acuerdo, las personas afectadas podían acudir al Sanedrín de Jerusalén.

A pesar del dominio romano, el Sanedrín conservaba un grado notable de independencia. No solo ejercía la jurisprudencia civil conforme a la ley judía, sino que participaba también en grado notable en la administración de la justicia criminal. Contaba con una fuerza independiente de policía y consecuentemente con el derecho a practicar detenciones. Podía juzgar a sí mismos casos no capitales.

Es objeto de debate si era competente para ordenar la ejecución de sentencias capitales prescritas por la ley judía sin que fueran confirmadas sus sentencias por el gobernador romano. La más sería restricción que sobre él pesaba consistía en que en determinados momentos podían tomar la iniciativa las autoridades romanas y actuar independientemente.

Las sesiones

Los días festivos no había sesión, y mucho menos es sábado. Dado que en los casos criminales no podía dictarse sentencia hasta el día siguiente al del juicio, tales casos no se juzgaban en víspera de sábado o de día festivo. No es posible determinar que todos estos detalles de la Misná se remonten a tiempos de Jesús.

10.- Los juicios solo podían celebrarse durante las horas del día (por consiguiente, la de Jesús debió de ser una investigación preliminar).

Los miembros se sentaban en semicírculo. Delante de ellos se situaban los dos secretarios del tribunal, uno a la derecha y otro a la izquierda. Frente a los jueces había tres filas de estudiantes. El acusado debía adoptar una postura humilde, llevar el cabello suelto y vestir ropas de color negro.

En casos que pudieran implicar la pena de muerte estaban prescritas formas especiales. Se debía iniciar la vista con el argumento de la defensa, al que seguía el alegato de la acusación. Nadie que hubiera hablado a favor del acusado podía pronunciarse luego en su contra, pero lo contrario estaba permitido. Los estudiantes podían hablar a favor, pero no en contra del acusado.

Las sentencias absolutorias debían pronunciarse el mismo día en que se celebraba el juicio, pero la condenatorias tenían que diferirse hasta el día siguiente. Los votos empezaban por el miembro mas joven del tribunal, mientras  que en algunos casos que no implicaban la pena de muerte, la norma era que votación empezara por el miembro más experimentado.

La mayoría simple era suficiente para una sentencia absolutoria; para una sentencia condenatoria se requería una mayoría de dos por lo menos. Cuando doce votaban en favor y once en contra, el acusado quedaba libre. Doce en contra y once a favor, había que aumentar el número de jueces en dos más, hasta que se llegaba al número de votos necesarios para la absolución o la condena. El máximo de jueces al que podía llegarse era de 71.

Juicio de Jesús

El primer episodio comienza con dos noticias muy breves. La primera sobre Jesús, que es llevado a casa de Caifás (v.57), y la segunda sobre Pedro, que lo sigue (v.58). Luego se pasa directamente al juicio.

El relato del juicio podemos dividirlo en dos partes. En la primera, se presentan numerosos testigos falsos cuyo testimonio no sirve para nada y deja el problema sin resolver. En la segunda, toma la palabra el sumo sacerdote y es el quien interroga y acusa, llegándose a la condena a muerte de todo el Sanedrín.

La primera parte supone un esfuerzo descarado por condenar a Jesús a base de acusaciones falsas que no se concretan, hasta que dos testigos declaran: “Este ha dicho que puede derribar el santuario de Dios y reconstruirlo en tres días”.

Es posible que estas palabras u otras parecidas fuesen pronunciadas por Jesús en algún momento de su vida; curiosamente, reaparecen en la cruz (Mt 27,39-40), y Juan también las trae, aunque en sentido alegórico (Jn 2,19).

Para una persona normal, estas palabras sólo servirían para acusar a Jesús de loco. Sin embargo, el tribunal “espiritual” podía ver aquí algo más grave que la locura: la pretensión de atribuirse una autoridad y un poder divinos, como de hecho hará Caifás (en la formulación de Marcos, la acusación resulta más clara y grave: “Puedo destruir este santuario construido por manos humanas y en tres días edificar otro no hecho por manos humanas”).

11.- En medio de estas acusaciones, Mateo pone de relieve el silencio de Jesús, incluso cuando Caifás le invita a defenderse. De nuevo se hace presente la imagen del Siervo de Yahvé que, “como oveja llevada al matadero, enmudecía y no abría la boca” (Is 53).

Entonces toma las riendas del juicio Caifás. Su pregunta está cargada de matices políticos, y para comprenderla a fondo debemos recordar algo de este personaje. Un judío de este siglo, Josef Klausner,, dice así:

“El hecho de que fuera sumo sacerdote durante cerca de dieciocho años, mientras que sus predecesores, en tiempos de Grato, no habían estado en funciones más de un año, prueba que era un hábil diplomático y conocía bien la manera de manejar tanto al pueblo como al gobernador romano. Un hombre así temía sin duda a su nuevo “Mesías”, pues los saduceos en general no tenían simpatía por las ideas mesiánicas a causa de su influencia perturbadora y del peligro que entrañaban para el orden público”.

La pregunta de Caifás la introduce Mateo de forma muy solemne: “Te conjuro por el Dios vivo que nos digas si tu eres el Mesías, el Hijo de Dios”.

Nosotros podemos darle especial importancia al segundo título: “Hijo de Dios”, pero éste no es mas que una simple explicitación del primero: “el Mesías”, igual que en tiempos antiguos se aplicaba al rey el título de “hijo de Dios”.

La respuesta de Jesús es más ambigua de lo que puede parecer en la traducción de la Nueva Biblia Española. Mientras Marcos pone en boca de Jesús las palabras: “Yo soy”, Mateo escribe: “Tú lo has dicho”. Y cuando Jesús sigue hablando sobre el Hijo del Hombre, lo hace en tercera persona, sin identificarse expresamente con este personaje.

Sin embargo, Caifás capta o quiere captar la intención profunda de las palabras de Jesús y lo acusa de blasfemo. Según Bonnard, “hay que reconocer que, en el fondo, las pretensiones de Jesús eran blasfemas para los oídos judíos ortodoxos, tanto más que nada atestiguaba en su persona insignificante la dignidad mesiánica tal como se concebía entonces “ (o.c.,582).

A la condena a muerte siguen las burlas. Es la primera de tres escenas centradas en este tema. Mientras Mateo no se detiene en describir los mayores sufrimientos físicos de Jesús (flagelación, crucifixión), si presta mucho interés a estas escenas burlescas: la primera después de la condena del Sanedrín, la segunda cuando Pilato lo condena a muerte, la tercera en la cruz.

Es posible que esta insistencia en el sufrimiento moral más que en el físico corresponda a la situación de los primeros cristianos, donde las persecuciones, insultos y burlas podían constituir un problema más real que el de los sufrimientos físicos.

Mateo, modificando a Marcos, da a entender que todos los miembros del Sanedrín participan en la burla, escupiéndole en la cara y golpeándolo. Y la burla está de acuerdo con el contexto. Si Jesús ha sido condenado por sus pretensiones mesiánicas, que haga de Mesías y adivine ahora quien le ha pegado.

12.- Conviene hacer un alto para tratar brevemente tres cuestiones:

Las irregularidades del proceso desde el punto de vista judicial,

Las causas de la condena de Jesús y el enfoque personal de Mateo.

  1. Teniendo en cuenta lo dicho anteriormente sobre los procesos del Sanedrín se advierten numerosas irregularidades:
  2. la sesión se celebra de noche;
  3. no existe un abogado defensor;
  4. la condena a muerte está decidida de antemano;
  5. la condena a muerte se emite sin esperar al día siguiente.

Algunos de estos problemas se resolverían considerando esta sesión nocturna como mera vista previa de la causa. La auténtica reunión habría tenido lugar por la mañana.

Y, si aceptamos que Jesús celebró su última cena el martes o miércoles, habría tiempo para un proceso regular, por lo que respecta al tiempo, Sin embargo, esto no resuelve el problema de los testigos falsos ni el de la justicia de la condena.

  • Las causas de la condena de Jesús.

Para una persona con afición a la historia es una pena que los evangelistas no hayan consignado esas muchas acusaciones que se formulaban contra Jesús. Aunque fuesen falsas, serían de enrome interés.

Tal como las presentan Marcos y Mateo parecen exclusivamente religiosas, mientras en Juan adquiere mucho relieve el matriz político (ver Jn 11, 47-48: “Ese hombre realiza muchas señales; si dejamos que siga todos van a creer en él y vendrán los romanos y nos destruirán el lugar santo y la nación.

Sin embargo, el matiz político no está ausente en Marcos y Mateo, sino que adquiere un relieve especial en la pregunta de Caifás a Jesús sobre si él es el Mesías.

Probablemente, las autoridades judías veían en Jesús un individuo peligroso desde el punto de vista religioso y político al mismo tiempo, sin que podamos deslindar claramente ambos aspectos. De hecho, política y religión estaban más estrechamente unidas en Israel que en la actualidad.

  • El enfoque personal de Mateo.

Comparando el relato de Mateo con el de Marcos, se advierte que Mateo acentúa la culpabilidad de las autoridades judías en diversos momentos de la pasión. Indico esos detalles, anticipando algunos episodios:

  1. Marcos dice que en el Sanedrín buscaba un “testimonio” contra Jesús; Mateo añade que buscaba “un testimonio falso”; en Mateo, el tribunal está desde el comienzo en contra de Jesús.
  2. Cuando llevan a Jesús ante Pilato, Marcos dice que las autoridades “prepararon su plan”, y lo llevaron al prefecto romano; Mateo dice que “hicieron un plan para condenar a muerte a Jesús”.
  3. El episodio del suicidio de Judas, exclusivo de Mateo, también subraya el cinismo y culpabilidad de las autoridades judías, como veremos.
  4. En el juicio ante Pilato, Mateo insiste en el deseo de los sacerdotes y senadores de matar a Jesús.
  5. Al final de este mismo episodio, Mateo añade los vv.24-25, que acentúan la culpabilidad de los judíos en la muerte de Jesús.

Todos estos detalles confirmar algo que hemos venido notando en el evangelio de Mateo: la tremenda polémica con los judíos. Al mismo tiempo, nos hace caer en la cuenta de que Mateo no es el testigo más imparcial a la hora de reconstruir la realidad histórica del proceso de Jesús.

Sin embargo, sin caer en la injusticia de condenar a los judíos como deicidas, tampoco debemos ser tan ingenuos como para considerar a Caifás y sus compañeros unos santos. Procesos injustos los ha habido en todos los países y épocas, saltándose las normas más elementales del derecho. Sería muy raro que no hubiese ocurrido algo semejante en el de Jesús, cuando la acusación que estaba por medio comprometía a toda la nación.

En cualquier caso, lo que los evangelistas pretenden subrayar es que la condena a muerte de Jesús fue absolutamente injusta. Y en esto debemos darles la razón, a no ser que pensamos que siempre, en cualquier momento, es preferible que muera uno por todo el pueblo.

V. JESÚS ANTE PILATO (27,1-31)

Esta larga sección está compuesta por cinco episodios.

  1. Jesús llevado ante Pilato (27,1-2);
  2. muerte de Judas (27,3-10);
  3. interrogatorio ante Pilato (27,11-14);
  4. Jesús y Barrabás (27,15-26);
  5. burlas de los soldados (27,27-31).

De ellos, él de la muerte de Judas es exclusivo de Mateo.

Suicidio de Judas.

La segunda escena (suicidio de Judas) es exclusiva de Mateo. El evangelista quiere subrayar cuatro cosas:

            la inocencia de Jesús, reconocida pro el mismo que lo traicionó (v.4):

            la tragedia de Judas, que termina ahorcándose:

el cinismo de los sacerdotes, que no se andan con escrúpulos de condenar a un inocente y sí sobre la forma de emplear el dinero;

el cumplimiento de una profecía.

Desde un punto de vista histórico, resulta muy difícil admitir que esto ocurriese en el momento en que lo sitúa Mateo, cuando los sumos sacerdotes han llevado a Jesús ante Pilato. Sin embargo, desde un punto de vista literario, el episodio está bien situado: antes de que Pilato emita su veredicto, el testimonio de Judas podría haber bastado para salvar a Jesús. Pero las autoridades han tomado ya su decisión.

Por otra parte, la versión que ofrece Hechos 1,16-20 sobre la muerte de Judas difiere mucho de la de Mateo.

Interrogatorio ante Pilato

La escena ante Pilato (11-14) es muy breve. Una pregunta sencilla y directa, con una respuesta clara, Luego el silencio de Jesús, subrayado por dos veces (sólo una en Marcos), cuando lo acusan las autoridades y cuando lo interroga reiteradamente Pilato.

La escena resulta algo extraña, por el aparente deseo de Pilato de actuar con justicia y su paciencia con un reo que no ayuda nada a su absolución. Mateo ofrece más adelante la explicación de que Pilato sabía que e lo habían entregado por envidia (v.18). Incluso en esta hipótesis, su actitud, en una persona como él, famosa por su injusticia, sólo se explicaría por el deseo de llevar la contraria a las autoridades, cosa nada extraña.

De todos modos, la perspectiva de Mateo será la de culpar a las autoridades judías haciendo caer sobre ellas toda la responsabilidad de lo sucedido.

Jesús o Barrabás

En esta misma perspectiva se mueve la escena cuarta, cuando hay que elegir entre Barrabás y Jesús. Mateo construye una escena más coherente.

Según Marcos, mientras se está tratando el juicio de Jesús aparece un grupo distinto pidiendo la liberación de un preso, y Pilato aprovecha la ocasión para intentar salvar a Jesús.

Como detalle propio de Mateo tenemos la misiva de la mujer de Pilato, que pone de manifiesto la revelación que tiene esta mujer pagana de la inocencia de Jesús, pero que no tendrá repercusión alguna en los sucesos posteriores.

Inmediatamente luego tenemos otros de esos detalles típicos de Mateo para culpar a las autoridades judías. Mientras en Marcos “los sumos sacerdotes soliviantaron a la gente para que les entregara mejor a Barrabás”. Mateo es mucho más duro: “los sumos sacerdotes y los que senadores convencieron a la gente de que pidieran a Barrabás y que muriese Jesús”.

Los famosos vv.24-25, (Pilatos se lava las manos, exclusivo de Mateo) vuelven a acentuar la culpabilidad de los judíos y son como una manera de firmar su condena para el año 70.

VI. EN EL CALVARIO (27,32-61)

Más que distintas escenas, que serían muy breves, tenemos aquí pinceladas rápidas que forman un cuadro. En conjunto, son fundamentales las tres referencias a Jesús como Hijo de Dios.

Los que pasaban primero (39-40), las autoridades después (41-43) utilizan este título para burlarse de Jesús. Al final, el capitán romano y los soldados reconocen que “verdaderamente, este era el Hijo de Dios” (v.54).

Las burlas en la cruz.

Y llegamos a un episodio fundamental, el de las burlas en la cruz. Mateo y Marcos quieren dejarnos la impresión de que todos, la gente que presencia el espectáculo, las autoridades, incluso los dos ladrones, se burlan de Jesús.

Pero el episodio de Mateo, con un brevísimo añadido (“si eres hijo de Dios”), podemos leerlo también como las últimas tentaciones de Jesús, paralelas a la del comienzo de subida. Aquí no será Satanás quien lo tiente, sino gente normal y corriente.

La primera tentación procede de toda la gente que pasa por allí. Se basa en la pretensión de Jesús de destruir el templo y reconstruirlo en tres días, algo que toman a burla. Y concluyen: “Si eres Hijo de Dios, sálvate y baja de la cruz”. Que se deje de palabras, y demuestre su poder con las obras.

La segunda procede de las autoridades judías: sumos sacerdotes, escribas y senadores. Supone un nuevo paso, porque parecen reconocer el poder de Jesús para salvar a otros. Pero se lo niegan para salvarse a sí mismo. “Si es el Rey de Israel, que baje de la cruz y creeremos en él”.

La tercera tentación (exclusiva de Mateo) proviene de este ismo grupo y llega a lo más profundo: “¡Había puesto en Dios su confianza! Si de verdad lo quiere Dios, que lo salve ahora, ya que decía que es Hijo de Dios”. Lo que se pone aquí en crisis no es el poder de Jesús, sino la simple pretensión de que Dios lo quiera. Esta tentación es la que puede llegar más honda y resulta más difícil de superar.

Ante estas nuevas tentaciones, Jesús no responde nada. No hay citas bíblicas, como al comienzo, con las que refutar las sugerencias del diablo.

La palabra de Jesús en la cruz.

Parece como si en su alma ocurriese lo mismo que en el exterior. Una tiniebla profunda desde la hora sexta hasta la nona (desde la doce del mediodía hasta las tres de la tarde).

Y Jesús pronuncia entonces las palabras iniciales del Salmo 22: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” ¿Qué sentido tienen en su boca? Unos las mantienen como simple reflejo de la tragedia que Jesús experimenta en ese momento: la soledad y el abandono de Dios. Otros prefieren interpretar las cosas de forma menos dramática. Para ellos, Jesús no expresa su desconcierto, sino que comienza a rezar el Salmo 22, un salmo que habla de los más terribles sufrimientos, pero que termina en un cuanto de victoria.

Marcos y Mateo, los únicos que recogen estas palabras de Jesús, no dan pistas de solución. Pasan a contar la reacción de los presentes, de forma mucho más lógica Mateo que Marcos. Lo último que cuentan los dos primeros evangelistas es que Jesús dio un gran grito y exhaló el espíritu. Lucas, con su “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”, y Juan con sus palabras: “Todo está consumado”, parecen quitar cierta dureza al terrible dramatismo de Marcos y Mateo.

Sin embargo, en el relato de Marcos, el grito de Jesús al momento de morir es una prueba de su poder. Una persona que lleva horas colgada en una cruz, respirando dificultosamente, no puede pegar un grito. Por eso, el centurión, al ver que Jesús muere de esa forma, dice: “Verdaderamente, este hombre era hijo de Dios”. Mateo cambia el conjunto, y en él grito de Jesús parece un simple recuerdo de lo dicho por Marcos.

Según Marcos, al morir Jesús tiene lugar un portento: “la cortina del santuario se rasgó en dos de arriba abajo”. Es el símbolo de un mundo que termina, de que lo invisible se hace visible.

A este detalle, Mateo añade otro que pueden parecernos extraños, pero de gran valor simbólico. La muerte de Jesús supone el culmen de su debilidad. No ha podido salvarse a sí mismo. Y parece también el culmen del abandono de Dios: no lo ha salvado. Sin embargo, la muerte de Jesús va a ser una auténtica teofanía, una manifestación tremenda de poder en dos ámbitos: en la naturaleza, con el terremoto y las rocas que se rajan; en el ámbito de los muertos donde muchos cuerpos resucitan y se aparece más tarde en la ciudad santa. Estos prodigios resultan desconcertantes al lector moderno. Pero entran en la lógica de los antiguos judíos. Véase el texto siguiente, tomado del Talmud de Jerusalén:

<<Al morir Rabí Aha, se vieron estrellas en pleno mediodía. Al morir rabí Hanan, las estatuas se doblaron. Al morir rabí Yohanan, las imágenes pintadas se doblaron…Al morir rabí Janini de Berato Horón, el lago de Tiberíades se dividió…Al morir rabí Isac ben Eliasib, se derrumbaron setenta dinteles de casas que se bamboleaban en Galilea; se dice que habían resistido hasta entonces por el mérito de aquel rabino. Al morir rabí Samuel ben Isaac, fueron arrancados los cedros de la Tierra santa…durante tres horas, truenos y relámpagos surcaron la tierra, en testimonio de la buena conducta del anciano…Al morir rabí Yassa ben Halafta, los arroyos de Laodicea se llenaron de sangre; se dice que era una alusión a que aquel rabino había arriesgado su vida por cumplir el precepto de la circuncisión. Al morir rabí Abahu, lloraron las columnas de Cesarea>> (Tratado Abodá Zará 3,1).

La idea de fondo es clara. Cuando muere un personaje importante, que ha tenido especial relación con Dios, siempre ocurre algún portento. En este contexto cultural, resulta evidente que los evangelistas no pueden contar la muerte de Jesús sin añadir algún detalle prodigioso que signifique la importancia de su persona y simbolice la transcendencia de su obra. En todos estos casos, lo importante no es lo que se cuenta (pura ficción), sino lo que se quiere dar a entender (la especial relación de ese hombre con Dios).

Ante esta teofanía, los únicos que perciben su sentido son el centurión “y los que estaban con él”.

La última noticia se refiere a las mujeres que estaban presentes “mirando desde lejos”, y a la sepultura de Jesús. La noticia tiene algo de consolador y de trágico al mismo tiempo. Consolador, por la presencia; trágico pro la lejanía. Por otra parte, las mujeres comienzan a adquirir una importancia capital en el relato: ellas serán las únicas testigos de la muerte y de la resurrección de Jesús.

VII. EN EL SEPULCRO (27,62-66)

La última sección está compuesta por dos breves episodios, uno basado en Marcos (la sepultura de Jesús) y otro exclusivo de Mateo (los guardias).

Los guardias en la tumba, exclusivo de Mateo, se basa en la polémica antijudía, para relato de la Pasión.

RESUMEN FINAL

  1. El enfoque cristológico: Jesús es consciente de que va a la pasión.
  2. El enfoque jurídico: injusticia del proceso y culpabilidad de las autoridades judías.
  3. Otras ideas teológicas: los paganos son los que perciben mejor la inocencia y dignidad de Jesús: la mujer de Pilato, el centurión en la cruz… José Luis Sicre

La resurrección

Aparentemente, la vida y actividad de Jesús habían terminado en el más rotundo fracaso. Pero su muerte no fue la última palabra, su vida continuó.

Este hecho se formula en los escritos del NT de tres maneras distintas. En primer lugar, como que Jesús <<sigue vivo>> (Lc 24,5); en segundo lugar, como que <<ha resucitado>> (Mc16,6 par.; Lc 24,34; Hch 10,41; 17,3; Cor 15,4.12s; Tes 4,14, etc.), y finalmente, como que <<ha sido exaltado>>, o su equivalente, <<está a la derecha de Dios>> (Hch 2,33; 5,31: 7,55; Rom 8,34; Fip 2,9; Heb 1,3; 10,12, etc.) las tres formulaciones son maneras distintas, pero complementarias, de expresar una misma experiencia, la de que Jesús ha vencido la muerte.

La primera formulación, la de que Jesús <<sigue vivo>>, pone el acento en que la muerte física no interrumpe la vida personal. Según la teología de Juan, esto se explica porque quien posee el Espíritu de Dios, que es la fuerza de la vida de Dios mismo, goza de una vida que no puede ser destruida por la muerte. Por eso Juan señala el momento de la muerte de que Jesús con la expresión <<reclinó su cabeza>>, que asimila la muerte al sueño (Jn 19,30), indicando que esa muerte, aunque real, no interrumpía la vida.

La formulación <<resucitar de la muerte>> describe lo sucedido con Jesús desde el punto de vista de un observador que ha visto a Jesús tendido y exánime, y más tarde lo ve vivo, como si se hubiera levantado de su estado anterior, Este <<resucitar>> puede considerarse obra de Dios (Hch 2,24; 3,15; 4,10, etc.: <<Dios lo resucitó/lo levantó de la muerte>>) o atribuirse a Jesús mismo (Mc8,31; 9,31; 10,34 par.; Hch 17,3: <<y a los tres días resucitará/se levantará>>). En primer caso tiene un sentido polémico: cuando parecía que Dios había abandonado a Jesús, y que el sistema judío tenía razón en condenarlo, Dios reivindica a Jesús dándole nueva vida. En el segundo caso, vuelve a aparecer la idea anterior: Jesús mismo, por poseer el Espíritu de Dios, puede por sí solo levantarse de la muerte.

Finalmente, la formulación <<ser exaltado>> o <<estar a la derecha del Dios>> subraya la condición divina de Jesús y la gloria de su nuevo estado después de la muerte. Los evangelios sinópticos describen el estado glorioso del resucitado en la escena de la transfiguración (Mc 9,2-10 par.)

Los cuatro evangelistas describen la visita de seguidores de Jesús (mujeres o discípulos) al sepulcro donde lo habían puesto, y todos lo encuentran vacío (Mc 16,1s par.) El hecho podía interpretarse como que el cuerpo había sido robado (Jn 20,2,13), quizá por los mismos discípulos (Mt 28,13) Los primeros visitantes (María Magdalena, el grupo de mujeres, Pedro) no sacan la conclusión de que Jesús había resucitado. Solamente la explicación dada por alguna figura celeste (joven, ángel, dos hombres, Jesús miso) hace comprender que el sepulcro es figura del reino de la muerte y que Jesús, por estar vivo, no puede encontrarse allí. La función de estos relatos sobre el sepulcro vacío es subrayar la dificultad que experimentaron los discípulos en aceptar la posibilidad de vida después de la muerte. No pretenden ser una prueba histórica de la resurrección de Jesús, sirven para anunciar el triunfo del crucificado sobre la muerte.

En Mateo, Lucas y Juan se describen apariciones de Jesús a los suyos después de la muerte (Mt 28,9s. 16-20; Lc 24, 13-49; Jn 20,11-21,23). Son formas de expresar la experiencia de la comunidad cristiana de que Jesús seguía vivo y activo. Las descripciones de Lucas y Juan señalan de diversas maneras la identidad del resucitado con el crucificado; por eso Jesús se presenta con las señales de su pasión. Lucas insiste también en que esa realidad de Jesús vivo después de la muerte no es un producto de la imaginación de los discípulos: por eso describe la realidad del resucitado con términos pertenecientes a la vida física (tener carne huesos, comer).

En Mateo (28, 16-20) se relata una sola aparición al grupo de discípulos, en un monte de Galilea. Tiene por objeto enviarlos a la misión, continuando la obra de Jesús, pero con ámbito universal. También Lucas y Juan relacionan el encuentro con el resucitado con la misión que se recibe de él. Implícitamente, la idea aparece también en Marcos, en la invitación a los discípulos de ir a Galilea para encontrase con Jesús (Mc 16,7).

Los relatos de las apariciones utilizan numerosos simbolismos. Por ejemplo:

  • El día primero de la semana (Jn 20,19) alude a la primera creación, y es símbolo de la nueva, del mundo definitivo que empieza con la resurrección de Jesús.
  • El huerto/jardín (Jn 21,11-18) alude al paraíso original y muestra el principio de la nueva humanidad al nuevo Adán, Jesús, y a la nueva Eva, María Magdalena, figura de la comunidad cristiana).
  • Las puertas atrancadas simbolizan la situación en que se encuentra la comunidad; la primera vez que se mencionan se da como razón el miedo a los dirigentes judíos (Jn 21, 19), mostrando la hostilidad de la sociedad hacia ella; la segunda vez (Jn 21, 26) señalan la separación entre la comunidad y <<el mundo>> injusto.
  • Jesús muestra las señales de la crucifixión (Lc 2440; Jn 20, 27). La función de este símbolo es identificar al resucitado con el crucificado y mostrar la permanencia del amor demostrado en la cruz.
  • En Mateo, el monte donde se aparece Jesús Mt 28, 16) simboliza la esfera divina en contacto con la historia humana. Corresponde al lugar teológico donde está Jesús tras su resurrección, desde donde colabora en la tarea de la transformación de la humanidad. 

La abundancia y variedad de símbolos indica que estos relatos no deben ser tomados literalmente, sino interpretados como formulaciones de una experiencia: la de Jesús vivo y activo para siempre en medio de su comunidad.

LA vida de Jesús después de la muerte no es privilegio exclusivo suyo, es el destino que aguara a todos los que poseen su Espíritu, los que, como él y con él, dedican su vida al bien de la humanidad (Jn 11,25s; 1 Cor 15,20-22).

A propósito de la diafanidad…

  1. En Lucas 24, 15-32:

Lc 24, 25-27: ¡cómo les cuesta creer lo que dijeron los profetas!

Lc 24, 29-32: (las señales de la presencia del resucitado)

Verso 29: entró para quedarse con ellos…

Verso 30: tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio…

Verso 31: entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron…pero él desapareció de su vista…

Verso 32: se dijeron uno al otro: ¿No sentíamos arder nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba la Escritura?

  • Los apóstoles no reconocían a Jesús resucitado.

Jesús estaba presente y no lo reconocían. Se les acerca a los discípulos, se hace presente con ellos. Ellos no perciben lo obvio; Jesús les sale al encuentro y no lo reconocen. Jesús al manifestarse no tiene la opacidad que les permitiría percibir su presencia y reconocerlo. Está tan cerca, está presente en la percepción de sus discípulos, pero ellos no lo reconocen…

Jesús carece de esa mínima opacidad necesaria para que los amigos topen con él y lo reconozcan. Esa carencia de opacidad es la que expresa la palabra diáfano. Precisamente lo diáfano no es obvio, no porque no esté en la presencia de la persona de Jesús resucitado, sino porque es demasiado obvio, tan obvio, que en su diafanidad misma no lo perciben sus discípulos. […]

Diafanidad, por un lado, significa que es algo como un cristal a través del cual vemos el objeto que está al otro lado de lo diáfano. En este sentido, “diáfano” envuelve el momento de “a través de”, transparente…

Pero tiene un segundo momento; a través de no es simplemente que está a través, sino que en una u otra forma, precisamente porque es diáfano, no solo deja ver, sino que hace ver lo que está del otro lado […]. En un tercer momento, lo diáfano no sólo es aquello a través de lo cual se ve, no solamente es lo no nos hace ver, sino que en una o en otra forma es lo que constituye lo visto: ver a Jesús, y poder reconocerlo. Esto, que puede parecer una paradoja, es la verdad. Constituye lo visto en el sentido de que lo diáfano es un momento mismo de las cosas.

PARÁBOLA DE LA RESURRECCIÓN

Si Lázaro resucitó, necesitó de nuevo comer, y dormir, volvió a enfermar de gripe y de disentería, siguió envejeciendo y volvió a morir. Resucitar es que un muerto “vuelve a la vida” VUELVE, regresa, para atrás, a estar vivo como antes. Es una faena -tener que morir dos veces- pero al menos para sus hermanas habría sido una alegría: “lo volvemos a tener con nosotros”.

Pero Jesús no vuelva a la vida, no vuelve atrás, no vuelve a ser mortal. Jesús resucitado no es un muerto que ha recobrado su vida anterior, sino un muerto que muestra la vida después de la muerte, la Vida, la definitiva.

Una vez más, interpretar la resurrección reduciéndola al hecho físico de que un muerto se levante supone un empobrecimiento que solamente significa el alarde de poder de la divinidad. Y es mucho más que eso. Una vez más, significa que Dios estaba con el crucificado y que la muerte no tienen ningún poder definitivo, ni sobre Jesús ni sobre nosotros.

“Lo volvemos a tener con nosotros” no es una buena fórmula. Porque si vuelve a la vida, vuelve a ser mortal y otra vez nos dejará solos. “Está con nosotros” es una fórmula mucho más significativa. No está con nosotros su cuerpo mortal, sus pies, sus huesos, sino su espíritu, su aliento, su viento de Dios.

Jesús humano caminante hacia la Vida impulsado por el Viento de Dios, está en la Vida, el Viento le ha hecho atravesar el oscuro trance de la muerte. El primogénito ha llegado a casa y muestra a todos la realidad última de la muerte y de la vida.

Jesús resucitado muestra que la persona humana es más que un cuerpo mortal, que la vida es espíritu, que la carne no es lo definitivo.

Algunas veces decimos que creemos en el resucitado, como si una explosión de luz omnipotente nos hubiera convencido de su divinidad. Sería mejor decir que nosotros estamos caminando hacia LA VIDA, Jesús ya está en LA VIDA. Que nosotros medio-vivimos, y Jesús es el VIVIENTE.

La palabra “resucitar” es ambigua. Nos presenta la tentación de entenderla como un regreso a la mortalidad por un alarde del poder de Dios. Pero significa una fe en la trascendencia de la vida, realizada en Jesús y esperada por todos. Y significa ante todo una profesión de fe en el crucificado. “Creo en Jesús resucitado” es sinónimo perfecto de “Dios estaba con él”.

José Enrique Galarreta

P. Diego Martínez, SJ.

Link para descarga de archivo: Notas Sábado Santo 2020

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Rellena este campo
Rellena este campo
Por favor, introduce una dirección de correo válida.
Necesita estar de acuerdo con los términos para continuar

Menú