Reflexiones cuaresmales

Los sabores de la cuaresma

El tiempo de cuaresma nuevamente se hace presente en el camino de regreso a la casa del Padre. Nos llegan quizá, recuerdos, olores y sabores en lo concreto de nuestro ser material, como los alimentos tradicionales de este ciclo, pero hacia el interior también, hay fragancias que nos vinculan a este ciclo que inicia con el miércoles de ceniza y que nos da la oportunidad de recoger el alma para reflexionar en el modo como ejercemos la vida día con día, para purificar intenciones y acciones, que nos conviertan en la mejor versión de nosotros mismos.
En estos cuarenta días podemos ir al desierto de nuestro ser más profundo, para mirar, escuchar, tocar, oler y gustar internamente de las riquezas que nos habitan; y sobre todo para darnos cuenta que desde ahí podemos sentir y dialogar con la presencia amorosa de Jesús, que siempre nos abraza y nos encuentra con infinita compasión.
También podemos aprovechar este espacio cuaresmal para atravesar el lado oscuro que nos asiste a todos los humanos tomados de su mano y reconciliarnos, con los aromas y sabores de la cuaresma, es decir con la conversión del corazón de piedra a un corazón de ternura con todo y con todos, con la generosidad, con el prójimo, y el ayuno de aquello que nos aparta de la luz y la oración que propicia el encuentro con Dios amor.
Así, la cuaresma sabe a inclusión, a perdón, a conversión para servir con alegría, pero sobre todo tiene el aroma que deja la conciencia de estar habitados por el amor para poder amar.
Ejercitarnos en la percepción de los sabores de la cuaresma nutre el camino para renovar el alma y poder acompañar a Jesús hasta la Pascua.
¿Cuál es para ti el sabor de la cuaresma?

Elisa Almanza Argueta Periodista Monterrey – México
12 de febrero del 2018

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